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jueves, 19 de febrero de 2009

Nacimiento del río Cuervo

El Nacimiento del Rio Cuervo, se encuentra junto a Vega del Codorno, a 80 km de Cuenca.

Para llegar hasta el nacimiento del rí­o Cuervo, hay que ir hasta Cuenca y desde allí­, tomar la carretera que sigue la Hoz del Júcar y se adentra en la Serraní­a.
A medida que avanzamos por la serraní­a de Cuenca, nos encontramos con paisajes de gran belleza y pueblos como Uña, Huélamo, Tragacete... Algunos de ellos son de origen medieval, y conservan edificios históricos en un entorno de bellos paisajes.
Pasado Tragacete, a 12 Kms. se llega al Nacimiento del rí­o Cuervo.

Lo primero que encontramos es un restaurante (el único que hay en el área recreativa), en medio de una gran explanada, rodeada de un bosque de coníferas y una pared rocosa.
Farallones de la Muela de San Felipe

En esta explanada hay, diseminadas, varias mesas de madera con sus asientos, para comer apaciblemente disfrutando de un día en la naturaleza.
Un gran cartel informativo sobre el área natural da acceso al camino que recorreremos hasta alcanzar el nacimiento del río Cuervo.
Area Natural del Nacimiento del río Cuervo

Comenzamos la ruta, siguiendo las indicaciones que encontramos en postes que van marcando el camino. Tras unos metros, llegamos a un lago de aguas cristalinas, que parecen un espejo.

como un espejo

Este lago, que en realidad no es tal, sino un tramo del río Cuervo ensanchado, viene del agua caida por la cascada.
Lo normal es que la gente piense que esa cascada es el nacimiento del río Cuervo, pero no, no lo es.

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El sentido de la ruta es contracorriente, esto es, en el sentido contrario al discurrir del río.
Dejando la cascada a nuestra izquierda, continuamos el ascenso.

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Éste es el tramo más pronunciado en la subida, durante toda la ruta.
En un pequeño recodo del camino, justo al terminar esta pequeña subida, el río desaparece en su caida, formando la cascada, no muy grande, pero si espectacular y con mucho encanto.

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Continuamos el camino, siempre con el río Cuervo a nuestra izquierda.
Durante el paseo, encontramos pequeños saltos de agua, que le dan un cierto encanto al río y su entorno, formado por arces, tilos, avellanos, tejos, pinos silvestres, y un sinfín de flora autóctona, regalándonos el sonido de sus aguas cantarinas.

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Por fin, llegamos a una zona en la que encontramos una pared rocosa frente a nosotros. De una pequeña grieta mana el agua que cae suavemente, formando un remanso de aguas puras y cristalinas.
la zona inmediata se cubre por una alfombra de lentejas de agua, tan tupida que apenas deja ver el agua del río Cuervo.

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La vuelta se hace por el mismo camino. Ahora, el río queda a nuestra derecha.
Descendemos hasta volver al parking, en la misma explanada donde empieza la ruta.
La luz empieza a desaparecer. Es hora de volver a casa.
Ocaso Veloz
© 2005-2009 MayteVidal

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Pedraza

Pedraza es una pequeña villa, situada en el piedemonte segoviano. Fué declarada Conjunto Monumental en 1951, y posee varios premios, como el premio "C" de Turismo de Castilla y León, y el premio Europa Nostra.

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Para entrar en Pedraza, hay que cruzar la puerta en la muralla. Junto a ella se encuentra la cárcel de la Villa.

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El paseo por sus calles adoquinadas, tranquilas y llenas de encanto añejo, se convierte en una delicia.

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La plaza es el lugar que reúne más gentío.

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Un antiquísmo reloj ve pasar el tiempo desde el tejado del ayuntamiento, al lado de la iglesia de San Juan.

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Numerosos restaurantes dejan escapar el aroma de sus asados, aquí y allá.
Por una de las calles, más ancha que el resto, abandonamos el pueblo, dejando atrás sus casas, su plaza, su iglesia... en dirección al castillo.

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Cruzamos unos pequeños prados, dejamos atrás la iglesia de Santa María, y ante nosotros se levanta, perfectamente conservado y majestuoso, el castillo de Pedraza.

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Hacemos una parada aquí, junto a sus muros cargados de historia. Aquí estuvieron prisioneros los hijos del rey Francisco I de Francia entre 1525 y 1529. Fué también residencia de los duques de Frías, Condestables de Castilla, y en 1926, el pintor Ignacio Zuloaga, lo adquirió, restaurando una de sus torres, donde instaló su taller, y pintó sus cuadros de paisajes y retratos de gentes de Pedraza.

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Fuera de sus murallas nos encontramos con un acueducto, que llega hasta un pequeño monasterio. Al fondo, alejado de la Villa, se encuentra el cementerio, Un via crucis lleva hasta él, marcando el camino.

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