La Quinta de los Molinos es un parque muy extenso, una isla de verdor en pleno centro de la ciudad.
No es muy conocido, lo que lo convierte en un rincón de paz, por el que se puede pasear entre almendros, pinos, algún eucalipto y jardines llenos de flores y fuentes, donde los mirlos y las urracas salen a nuestro paso, y nos saludan con sus saltitos y sus trinos.



Su nombre le viene por una serie de molinos que había en la finca, de los cuales, se conservan tres.
No es muy conocido, lo que lo convierte en un rincón de paz, por el que se puede pasear entre almendros, pinos, algún eucalipto y jardines llenos de flores y fuentes, donde los mirlos y las urracas salen a nuestro paso, y nos saludan con sus saltitos y sus trinos.



Su nombre le viene por una serie de molinos que había en la finca, de los cuales, se conservan tres.
Es muy evocador el sonido que hacen cuando el viento los azota. El gemido que emiten me transportaba a épocas pasadas, y mi mente volaba al instante en el que su rendimiento
estaba al cien por cien para abastecer de agua a toda la finca.
estaba al cien por cien para abastecer de agua a toda la finca.

Cualquier época es buena para acercarse hasta esta finca, que antiguamente era propiedad privada, pero, sin duda alguna, la más llamativa es cuando empieza la floración de los almendros, más o menos, en febrero.
Entonces, el espectáculo visual es impresionante.
Los miles de almendros que se extienden ante nosotros parecen estar nevados. No en vano se le llama el Jerte madrileño.
Yo estuve allí un poco después. La floración ya había terminado Aún así, el sitio mereció la pena la visita.
El próximo año, volveré para deleitaarme con los almendros floridos y con toda la esencia de este hermoso parque.









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